Vivimos en un mundo donde las fuerzas, capacidades y recursos para cambiar el mundo están concentrados en manos de los grandes capitales y del estado como un ente regulador, pero dicha regulación no es suficiente o es inefectiva, ya sea por la corrupción, tráfico e influencias o por el silencio cómplice de las autoridades.Más en muchos países y pueblos, una tercera fuerza se está haciendo notar, es la acción de la "sociedad civil" y el "poder cultural" que avanza con una fuerza creciente [1], esto se puede apreciar revisando los últimos hechos de la historia.
“Desde 1945 a 1989, la humanidad ha vivido la tensión de un mundo bipolar, creado por la guerra fría entre la fuerza económica del capitalismo y el poder político del comunismo. Durante esa era, los líderes miraron los eventos mundiales e iniciaron políticas, leyes y programas, predominantemente sobre la base de intereses y perspectivas políticas y/o económicas.
Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, el mundo bipolar comenzó a decaer. Parecía que nos dirigíamos hacia un mundo unipolar caracterizado por el "fin de la historia" y el triunfo global del capitalismo neoliberal sobre el comunismo. Cada vez más los líderes vieron el desarrollo del mundo desde la angosta perspectiva de un ficticio "libre" mercado. El precioso ideal de la democracia se hizo cada vez más hueco, en la medida que los poderes económicos de la elite hicieron un remedo de las elecciones y otras formas de actividad democrática. La dudosa creación de la monolítica Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1995, con poderes que exceden a aquellos legítimos de los estados-nación, fue una escalofriante demostración de la fuerza coercitiva de este creciente mundo unipolar“ [2].
En este contexto y a partir de la primera guerra mundial aproximadamente se ha comenzado a gestar y a conformar cada vez con má fuerza una tercera fuerza social denominada "sociedad civil" su objetivo es en la actualidad superar el monopolio del discurso capitalista neoliberal sobre la globalización. La sociedad civil, en un acto de rebelión cultural, le dio un nuevo marco a todo el debate de la globalización en términos de valores y significado, quitando ímpetu al prevaleciente discurso de la elite que básicamente racionalizó como legítima la codicia por el dinero y la desenfrenada avidez por el poder. En ese desafiante acto, culminaron años de resistencia, en que la sociedad civil global introdujo dramáticamente el comienzo de un mundo en el que se materializa una humanizada tercera vía y el nacimiento de una nueva historia.
La cultura, la política y la economía tienen cada una su propia lógica y tienen de ahí su propia forma de organizarse. Pero en el mundo no debe primar el liberalismo y egoísmo del poder económico y la ambición, ni el igualitarismo materialista en cierta forma enemigo de la diversidad.
Es por esto que muchas personas en el mundo piensan que tiene que surgir una base más humana, en donde el liberalismo se transforme en libertad individual y social responsable, el igualitarismo en igualdad entre las personas, sin señores y sirvientes, y la mendicidad debe dar paso a algo más que la solidaridad, a la verdadera amistad y fraternidad entre las personas, a la hermandad entre pueblos, al sacrificio racional de los propios interés en favor de un mayor Bien global.
La invitación es a meditar y a trabajar por el fortalecimiento de una sociedad civil global más consciente y participativa, que haga valer los derechos y reivindicaciones de las personas por sobre de otro tipo de intereses. Eso puede ser logrado si superamos nuestra pasividad espiritual y social. ¿Es que estamos tan enfermos que somos incapaces de vencernos a nosotros mismos y reaccionar? ¿Qué estamos esperando?
La sociedad civil organizada irá tomando diversas formas entre ellas la formación de comunidad activas, como un paso necesario para propiciar que sus miembros desarrollen iniciativas sociales, promoviendo por ejemplo actividades tales como el estudio de temas, el accionar social y la creación de iniciativas ecologistas o de ayuda social a las que todos puedan adherirse libremente sin afiliación.
En un sentido más específico las comunidades son un medio para lograr el actuar consciente y con sentido humanista, deberían ser un verdadero útero en donde las personas puedan desarrollar sus inquietudes y la capacidad de dar y hacer florecer los frutos de la fraternidad.
En la belleza del encuentro está en el misterio del amor y de la evolución. [3]
Referencias:
[1] http://www.trimembracion.org/
[2] http://www.trimembracion.org/archiv/2000-08-004.html
[3] http://www.psychophonetics.com.au/

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