
El misterio del Santo Grial es el misterio central del cristianismo esotérico, el caliz debe recibir la sangre de Cristo y coronar a los hombre con el espíritu.
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La búsqueda del grial.
Se desprende de los poemas y leyendas que la búsqueda y conquista del Grial está al alcance de todos. Sin embargo se requieren una serie de condiciones para obtener el triunfo total. En Parzival se dice:
Todo el caballero que pretenda conquistar el Santo Grial, se halla obligado a abrirse camino hasta ese objetivo sagrado con las armas en la mano.
Para buscar el Grial también se necesita sentir vocación. Perceval y Parzival sintieron esta vocación al escuchar el canto de los pájaros. Los buscadores del Grial han sido muchos, pero pocos lo hallaron.
Se compara al Grial con el Paraíso, por eso encontrar el Grial es entrar en el Paraíso. Wolfram Von Eschenbach decía:
El Grial es un objeto tan sublime que el Paraíso no contiene nada más hermoso. Flor de toda felicidad, que transporta a la tierra una plenitud tal de favores, que sus virtudes igualan a las que se atribuyen al Reino de los Cielos.
El hombre trabaja en el misterio de la eterización de la sangre en que él se convierte en entusiasta en virtud de la energía del espíritu y de las fuerzas puras del corazón y por gracia divina la corriente etérica discurre desde el corazón humano hasta la glándula pineal, y desde allí irradia al cerebro como luz etérica espiritual. Esa luz dorada de la sangre etérica que irradia la cabeza sería el halo o aura en los cuadros de los pintores medievales como símbolo tradicional de la santidad.
El hecho afirmado por la tradición, que sitúa la permanencia del Santo Cáliz sigilosamente oculto y venerado en San Juan de la Peña durante la Reconquista, en conjunción con materiales extraídos del Evangelio apócrifo de Nicodemo y de la historia de José de Arimatea, constituye probablemente la base de una serie de leyendas que durante la Edad Media se propagan por Europa. Tales leyendas, muy extendidas y de gran interés como prueba que refuerza la voz de la tradición, puesto que en ella se inspiran, hablan de una Copa maravillosa que escondida entre abruptas montañas era venerada y defendida por los Caballeros del Santo Grial o Graal, términos usados en tales leyendas, y que en el sentido de vaso, escudilla o copa la vemos usada normalmente en las lenguas romances de la península hispana, como se lee en Cervantes, en el Arcipreste de Hita y en el Amadís de Gaula, por ejemplo, pero que en las demás lenguas europeas sólo se utiliza para referirse al Santo Cáliz de la Cena, destacando la palabra con el apelativo Santo = Santo Grial.
Uno de los primeros autores en mencionar el Grial habría sido Roberto de Boron, quien escribió tres obras fundamentales: José de Arimatea; Merlín y el Perlesvax (Perlesvaus). A este autor sucedió el clérigo francés Chrétien de Troyes9 quien dice que descubrió la historia en un libro del viudo Felipe de Alsacia, conde de Flandes, amigo de su patrona, Marie de Champagne. Otro de los autores que ha sido reconocido por aportar con su propia lectura a este enigma, es el escritor nacido en Franconia, pero criado en Baviera, Wolfram von Eschenbach10, quien señala que su fuente es el “poeta Kyot”, el que durante su estadía en España habría oído la historia de parte de un alquimista venido de oriente, Flegetanis “Un erudito por naturaleza, descendiente de Salomón”. Ciertamente, todas estas fuentes son tan insondables y misteriosas como el propio relato, lo que le otorga un atractivo adicional a estas fascinantes narraciones.
De lecturas antroposóficas y otras relativas al grial, he llegado a la convicción de que el grial es el alma humana, particularmente, el Yo. Y el Santo Grial es aquel Yo que se ha preparado para la consumación del misterio...
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